23 medallas de oro olímpicas, más del doble que cualquier otro deportista en la historia. Con Michael Phelps todo parece fácil, predeterminado. Es un hombre definido por el triunfo, un hombre que lo supera todo.
Pero nada ha sido tan sencillo para el estadounidense, que disputó en Río su quinta Olimpiada. Los primeros fueron en Sidney en el año 2000.
Su triunfo en los 200 metros mariposa en el Centro Acuático de Río, por ejemplo, fue incluso milagroso. Porque llegó un momento, hace unos meses, que había perdido todo sentido de sí mismo, un obsesivo que hace tiempo había comenzado a odiar el talento que lo define.
Sidney 2000, "El Niño".
Con sólo 15 años y acné en la cara finalizó quinto en los 200 metros mariposa. El chico con trastorno de déficit atención encontró un objetivo en el que centrarse. Antes de cumplir los 16 años ya tenía un récord del mundo.
Atenas 2004, "El Extraterrestre".
Una dieta de 10.000 calorías al día, una envergadura de brazos de 2,08 metros, tobillos hiperflexibles y pulmones de un tamaño del doble que el de las personas normales. En esos Juegos, sin embargo, perdió la "Carrera del Siglo" ante el australiano Ian Thorpe, aunque ganó seis medallas de oro.
Tenía un cuerpo diseñado para el agua y era un chico enamorado de las piscina.
Pekín 2008, "La Superestrella".
8 medallas de oro, nuevo hito histórico. No se le resistió ningún récord. El mundo a sus (enormes) pies.
Y luego, cerca del anunciado final feliz en Londres 2012, el cuarto acto: "El Cínico".
La marihuana, Londres y la suspensión...
Todo había comenzado en 2009, cuando emergió una fotografía del héroe estadounidense de imagen perfecta en la que se le veía fumando marihuana.
Continúo con los tres meses de suspensión, con los entrenamientos que se saltó, con la pérdida del foco que una vez le había hecho tan fanático como para contar cada brazada en las finales sólo por si sus gafas se llenaban de agua y no podía ver la distancia a la pared.
"No me importaba nada. No quería nada que tuviera que ver con el agua. Nada", explicó después, harto de la que había sido su vida.
Pese a todo, Phelps, cansado, ganó seis medallas de oro en Londres, cuatro de ellas de oro. Pero lo derrotó en los 200 metros mariposa el sudafricano Chad le Clos, el joven que lo idealizó y que terminó ganándole. Decepcionó también al ser sólo cuarto en los 400 metros estilos.
El retiro debería haberle dado algo de alivio. Hubo fiesta y muchos amigos y volvió con su pareja de siempre, Nicole.
Sin embargo, no encontró la paz, nada que remplazara la única cosa que había dominado cada día de su vida desde los 7 años.
La magia regresó
Y como Thorpe antes, poco a poco se gestó su regreso al único hábitat natural conocido: el agua. La vieja magia volvió.
En los campeonatos de Estados Unidos en 2014 no ganó una sola final. Entonces, de regreso a casa tras una noche fuera en septiembre de ese año, la policía lo detuvo por circular al doble de la velocidad permitida.
Le siguió un delito por conducir ebrio y una suspensión de seis meses por parte de la Federación de Natación de Estados Unidos.
¿Río y palabras de su entrenador? Río Parecía entonces muy lejano.
"No tenía ni idea de qué hacer con el resto de su vida", dijo al diario The New York Times su entrenador de siempre, Bob Bowman.
"Un día le dije: 'Michael, tienes todo el dinero que las personas de tu edad podrían querer o necesitar en toda su vida; tienes poder de influencia en el mundo y tienes tiempo libre. Y eres la persona más desgraciada que conozco'", agregó.
Y así comenzó el quinto acto.
Río 2016
En Río, Michael Phelps se mostró divertido, feliz, más sonriente, cada vez que terminó una competencia, nunca se olvidó de mirar a la tribuna, para encontrar en las gradas a su madre, su esposa y a su pequeño Broomer. Igualmente compitió a su nivel mas alto.







No hay comentarios:
Publicar un comentario